lunes, 30 de julio de 2018



29/07/2018
Festival Internacional de Guitarra – Jornada de Clausura - Auditori de L’Hospitalet de L’Infant, Tarragona – Carles Trepat y Anabel Alonso, guitarras – Orquestra Kammart – Alex Sansó, dirección.
Dos guitarristas de concepción artística interpretativa bien diferente y dos obras concertantes en las mismas condiciones, una compuesta por el mismo Trepat para el aniversario de E. Granados y otra, la más popular de su género jamás escrita. Todo ello bajo un ensemble dinámico y bien dirigido por su fundador A. Sansó.
Escrita en un modo estrictamente tonal, “Homenaje a Granados (Fantasía Catalana)”, compuesta por el virtuoso consagrado de la guitarra, Carles Trepat (e interpretada por él mismo) tiene una inspiración absolutamente folklórica catalana, basada en temas populares armonizados de manera magistral y ensamblados en un conjunto global que mantiene, en todo momento, el mismo tono evocador e interpretativo basado en la calma contemplativa y ligeras variaciones contrastantes. La orquestación está perfectamente planificada para que en ningún momento llegue a pisar al solista. Bajo un comienzo atmosférico, en el que el temático tema en octavas incluye intervalos típicamente catalanes, es tratado con brillantez y seguridad por los intérpretes. De temas expuestos por la guitarra en cada movimiento, se pasa a reexposiciones orquestales expresados con suma delicadeza. Frases realmente emotivas de gran belleza con una riqueza y diversidad de posibilidades concertísticas bajo las manos de un solista de poderosos medios técnicos acompañadas de un personal encanto de una veta lírica sublime. Sonoridad aterciopelada y embriagadora a lo largo de toda la obra entre las manos de un verdadero trovador con el acompañamiento de una dirección poética perfecta.
El “Concierto de Aranjuez” fue el primer intento de Joaquín Rodrigo en el género del concierto; rápidamente se convirtió, y posteriormente se ha mantenido, en la más popular y reconocible de sus obras. Escrito para guitarra solista y orquesta, revela la gran afinidad del compositor por esos dos médiums, así como su reverencia por las antiguas tradiciones de la música clásica española. Fue compuesto después del regreso de Rodrigo a Madrid desde Francia (huyó de la agitación de la Guerra Civil Española) en 1939, y se estrenó en Barcelona por Regino Sainz de la Maza con gran éxito en 1940. De nuevo nos encontramos con referencias abiertas a la música folclórica española y la disposición lírica directa. Anabel Montesinos da una versión apasionada y notable, con acercamientos a la versión de Paco de Lucía en rasgueos y acentuaciones propias que nos hacen recordar a tan insigne virtuoso, fallecido prematuramente (por desgracia). Lo que más destaca en la planificación orquestal en consonancia con la guitarra solista es la forma en que Rodrigo logró casar la voz relativamente pequeña del solista solista con la de la orquesta completa. La ejecución fue es extremadamente idiomática, y uno deja de escuchar el trabajo con la impresión de que escribir para los dos juntos era bastante natural para la época; la guitarra nunca parece superada o fuera de su elemento. La dirección de Sansó es simple, clara y, sin embargo, interesante: a veces crea un diálogo entre solista y conjunto, y Montesinos, en otros, logra convertirlos en una guitarra gigante, un efecto extremadamente imaginativo y exitoso. La escritura de Rodrigo para crear colores distintivos combinando la guitarra con otros instrumentos solistas, como el fagot, el oboe, las cuerdas o el corno inglés fueron ampliamente superadas con gran éxito por los integrantes de la orquesta.
La ejecución del célebre Adagio fue muy personal y acertadamente apasionada por parte de Montesinos. Leyendo perfectamente la historia de tragedia, dolor y superación que tras su partitura éste envuelve, el estado de ánimo se vuelve melancólico ya que la solista acompaña a un solo de corno inglés con acordes simples. La guitarra eventualmente toma este tema contra un fondo orquestal urgente, llegando tras la cadencia a un final optimista y vencedor. Asimismo, al igual que con el movimiento de apertura, el solista presenta la idea principal del final: una melodía más bien balanceante y suave; este tema se convierte en la base de una larga "conversación" que involucra muchos instrumentos solistas diferentes, concluyendo de forma brillante y colorista.
Luis Suárez

domingo, 29 de julio de 2018





28/07/2018
Festival Internacional de Guitarra – Auditori de L’Hospitalet de L’Infant, Tarragona – Dúos de la tierra – Kimiyo Nakako, mezzo y Sadahiro Otani, guitarra – Jordi Sàbat y María Ribera, guitarra – Manel Sánchez, guitarra y Patricia de No, flauta – Juan y Carmen Becerra, guitarras.
Seductora y arriesgada fórmula para un recital cargado de sorpresas tímbricas e interpretativas. Los relevos entre dúos de artistas autóctonos dieran un resultado ágil y satisfactorio, solo quizás un tanto interrumpido por presentaciones en algunos casos prescindibles y que llegaron a colapsar un tanto la magia.
Es difícil resumir en pocas líneas tanta variedad de un programa rico en oferta y matices. Del primer grupo, formado por los japoneses Nakako y Otani, se puede destacar la bella claridad tímbrica de la voz de una mezzosoprano que, fortalecida por la excelente acústica de la sala, nos dejó unos bellos fraseos de melodías poéticas perfectamente acompañados por la guitarra de Otani que resaltó aún más, si cabe, una nítida coloratura llena de matices líricos. Quedó corta la actuación, destacando entre el programa la recuperación de las canciones de Joaquín Rodrigo originales para voz y guitarra.
Jordi Sàbat y María Ribera dejaron una impronta resaltada por sus propias adaptaciones y una perfecta coordinación. A destacar los arreglos sobre dos piezas profanas del “Llibre Vermell de Montserrat”, un canto y danza que teniendo como referencia las valiosas interpretaciones y grabaciones de Capella de Ministrers y como no, la mítica Jordi Savall, dejaron un buen gusto de ricos detalles en percusión y complicidad entre ambos. También a destacar la adaptación de una de las partes de la obra maestra y desconocida de Granados, para piano y orquesta, “Elisenda” (1912). Interpretación exquisitamente delicada de ambientación modernista evocando un jardín con una suave textura de cámara.
Manel Sánchez y Patricia de No ofrecieron un curioso programa. Un Mozart distinto, con una forma libre de cambios de humor discretos y pasajes de carácter reflexivo e improvisación perfectamente ejecutados y que hacen incluso olvidarse por un rato de la versión original para piano de la “Fantasía” KV.397 (1782). En la “Bachiana Brasileira nº5” de Heitor Villalobos la adaptación para flauta no llega del todo a olvidar la original composición para voz y grupo de violonchelos, aquellas míticas grabaciones de Kiri Te Kanawa o Victoria de los Ángeles…, así como la ausencia de la danza final contrastante cuyo efecto engrandece la obra. “Nightclub 1960” de Piazzolla es la única obra original para la formación y en ella, tanta veces interpretada en los últimos tiempos, sí logran por completo una ejecución brillante, llena de virtuosismo que encandila al público con vítores merecidos.
En último lugar, como si hubieran sido colocados estratégicamente, fue el turno del Dúo Becerra (Carmen y Juan). La luz brilló de forma incandescente. Tres hermosas piezas clásicas basadas en folklore añejo. Una milonga errante y melancólica, rebosante de lirismo apasionado, bajo una interpretación constante e hipnótica; arreglo de María Luisa Anido sobre el original de Juan José Ramos. La “Rondalla Aragonesa” de Granados en arreglo de Miquel Llobet; la nº6 de las “Danzas Españolas”. Miniatura ejecutada de forma colorista con una perfección efectista. Y la “Danza nº1 de La Vida Breve” de Don Manuel de Falla, en arreglo de Emili Pujol. Una pieza imaginativa y emotiva interpretada de manera elegante y colorista. A diferencia de la versión original, aquí se prescinde del interludio operístico expresivo para adentrase de lleno en frases musicales de simbolismo espontáneo. La ejecución llegó a un punto de hipnotismo atrapando al oyente. Un momento mágico como un pequeño cristal que nos deleita con reflexiones centelleantes llegando a un cierre culminante. Estupendos arreglo y ejecución de excelencia absoluta.
Luis Suárez

sábado, 28 de julio de 2018


27/07/2018
Festival Internacional de Guitarra – Auditori de L’Hospitalet de L’Infant, Tarragona – Dúo Ditirambo (Noelia Gómez, viola y Alfonso Aguirre, guitarra)
Formación original formada por española y mexicano, respectivamente; ambos músicos ganadores, individualmente, de numerosos premios y reconocimientos internacionales. Fundado en el 2008 mientras Noelia y Alfonso realizaban estudios de posgrado en Yale University. Se puede observar s carácter renovador del repertorio clásico con estrenos llevados a cabo de compositores como Flores Chaviano o Carlos Alberto Vázquez, entre otros. Del segundo citado, presente en la sala, han realizado un estreno mundial: “Trellesianas”. Obra de carácter descriptivo mediante sensaciones a partir de obras pictóricas que se fueron proyectando, muy acertadamente, mientras se iban interpretando las piezas. Partitura atonal y colorista con una ejecución brillante, llena de matices coloristas aprovechando todos los recursos de los instrumentos de manera efectista.
El recital se inició con una obra vocal archiconocida de Don Manuel de Falla; “Siete Canciones Populares Españolas” (1915). A pesar de en la transcripción guitarrística pierde mucho de poder musical ya que la parte del piano es la más efectista por su innovación armónica, soporte polifónico y virtuosismo, el Dúo hizo un buen trabajo de sustitución de la voz por la viola (aunque siempre se eche de menos en estos casos voces míticas como Teresa Berganza o Victoria de los Ángeles, con sus sublimes grabaciones). Melodías populares y originales bajo la poesía popular española. Rasgueos bien definidos por la guitarra, en un viaje de sur a norte peninsular, con un “Polo” efectista para finalizar un grupo de canciones en el cual se echaron de menos las dos canciones ausentes.
El compositor paraguayo guaraní de “La Catedral”, Pío Agustín Barrios, fue el primer guitarrista sudamericano de talla internacional y, aunque autodidacta como compositor, es el autor de la música de guitarra de gran valor. Fue durante su estadía en Uruguay cuando se inspiró en la Catedral de San José en la ciudad capital de Montevideo. Aquí se lución Alfonso Aguirre con una interpretación colorida y “bachiana”, con una expresividad sumamente cuidada y nostálgica, como acariciando la guitarra de manera evocadora y nostálgica. Una ejecución realmente conmovedora desde el comienzo para terminar con un Allegro Solemne de gran sonoridad y virtuosismo efectista.
Siguiendo por una Sudamérica emotiva y evocadora con Piazzolla, Lauro o Ponce para terminar con unas brillantes ejecuciones de sones de mariachi. Unos momentos de añoranza donde el lucimiento de Noelia Gómez fue muy notable. Adaptaciones verdaderamente logradas con imitaciones de voz humana, sonoridades del viento metal y todo un compendio de marcada alegría que transportan al oyente hacia la bella tierra mexicana.
Luis Suárez

viernes, 27 de julio de 2018


26/07/2018
Festival Internacional de Guitarra – Auditori del Centre Cultural de L’Hospitalet de L’Infant – Dúo Henning Kraggerud, violín, Petter Richter, guitarra
Sorprendente actuación del dúo noruego formando un conjunto perfectamente sincronizado y con un amplio abanico de resoluciones artísticas musicales. Debido al desconocimiento de los mismos, tanto por parte del público asistente (que debieron ser más ante lo que se han perdido) como por un servidor, el resultado final fue gratamente sorprendente. Sin duda dos artistas de gran expresividad, conexión con el público y sensibilidad en mayúsculas.
El programa fue variado, desde el barroco hasta el siglo XX, pasando por la música popular sudamericana. Jean-Marie Leclair fue el primer compositor en establecer verdaderamente un estilo francés de tocar el violín y elevar el instrumento al lugar que le corresponde como solista. También fusionó con éxito su estilo nativo francés con la muy popular escuela italiana en la que se sumergió. Bajo una interpretación exquisita en matices, donde se pudo ver la influencia generalizada y comprensible de Corelli, asociada a la austera sofisticación del barroco francés.
En todo el recorrido a través de los siglos, ambos músicos se unen en una singular visión interpretativa de cada pieza. La articulación y la ornamentación coinciden estrechamente, y los momentos de tempo rubato, utilizados con moderación, se ejecutan a la perfección. El sonido de Kraggeroud es claro y puro; la entonación es inmaculada y los desafíos técnicos son ejecutados con una sensación de comodidad y facilidad. El equilibrio a veces favorece indebidamente el violín; algunos oyentes se habrán esforzado por escuchar la parte de la guitarra muy activa e interesante en el fondo.
La parte final fue realmente asombrosa. Se centra en el trabajo del violinista del siglo XVIII Giuseppe Tartini y la obra suya que posee una mayor popularidad en la literatura violínistica: su “Sonata para violín en sol menor”, op. 1 nº4, también conocido como "El trino del diablo" (Tartini la llamó "La Sonata del Diablo"). Las poderosas fuerzas de la distribución hacen que Richter absorva de una manera magistral todo el poder del bajo continuo, lo cual nos es nada fácil. Kraggerud profundiza en la parte solista con un gusto exquisito de expresividad y virtuosismo y con Richter logra una notable flexibilidad de conjunto, disminuyendo y fluyendo de forma fácil y natural con cada giro y giro que toma el solista. Esta sonata solo vale la pena el precio de la entrada, y la lectura de un solo movimiento, sin solución de continuidad, de la sonata también es digna de mención. Tras una generosa lectura de Richter en un idioma ajeno más que aceptable, sobre los comentarios del propio compositor sobre la pieza y su inspiración, resultó adecuada para disfrutar de un Tartini en una clara terapia musical que podría haber curado, tanto al autor, como a los asistentes, de los quehaceres satánicos.
Luis Suárez



25/07/2018
Festival Internacional de Guitarra – Auditori de L´Hospilatet de L’Infant (Tarragona) – Jornada inagural. Dos leyendas: Leo Brouwer y Hopkinson Smith
En pleno verano, cuando el calor en la Costa Daurada, Cataluña, alcanza su punto máximo el Festival Internacional se prepara para recibir al compositor, guitarrista y director de orquesta cubano Leo Brouwer. Durante el mismo tiempo talleres dedicados al arte de la construcción de guitarras, laudes, violas da gamba… Luthiers como Marco Salerno, Santiago Canals, Joan Pellisa, Ángel Martínez o José Antonio Fuentes van visitando el Festival.
Durante una intensa conferencia Leo Brouwer demostró que su evolución nunca se detiene y, aún más, que ha estado integrando y sintetizando lo que ha aprendido y desarrollado a partir de sus experiencias para continuar su vida creativa con aún más empuje. Trabajador extremadamente duro, Leo Brouwer compartió sus ideas sobre su evolución como compositor, su aprecio por la música popular y el futuro de la guitarra, además de repasar su, según él, su obra compositiva más desconocida todavía, como es la camerística u orquestal. Empezara  a componer en 1955. Tuvo un contacto muy fuerte en este primer período con la cultura popular [vernácula], una cultura con raíces en los rituales africanos que tienen una tradición de casi 500 años en Cuba. Fue el pilar de los materiales temáticos de su música, la fuente de su gusto afrocubano, por supuesto con una armonía sofisticada. Este paso como compositor tiene su transformación natural en los años 60. Nunca ha hecho un corte radical de estilos. Mi evolución se ha caracterizado por la fusión, un cambio gradual hacia adelante.  En 1962 comenzó un nuevo período que ahora podría verse como un período intermedio en sus composiciones. La música de este período implica música experimental, por así decirlo. No le gusta llamar a este tipo de música "experimental", pero se considera con la música de vanguardia de esta década. Este período medio, que abarca no más de diez años, fue una gran erupción, una especie de vanguardia catártica, “aleato –realismo”, etc.
Habló también del público como un receptor preciso, para bien o para mal, no solo auditivamente sino también visualmente. La música de concierto está actuando fuera de tiempo, envejece. Con la llegada de sofisticados sistemas de audio a bajo costo, las personas tienen la oportunidad de escuchar música en casa. Con el nacimiento de los medios masivos, también nacieron fenómenos como el de The Beatles.
Resultado satisfactorio del encuentro con un maestro que conserva su ilusión en la venas. Su carácter campechano, de irónico sentido del humor permanente y una manera de expresarse al público asistente de manera lenta y pausada, con una voz grave y envolvente. Solo faltó que no se trajese una partitura para interpretar y el resultado hubiese sido redondo.

Hopkinson Smith, el poeta de la cuerda pulsada, que llega a utilizar diferentes tipos de laúdes, además de vihuela de mano, guitarra barroca…, cada una de las cuales suena fantástica en sus manos. Ya sea un laúd barroco para Bach, Weiss, Mouton, Gaultier o Gallot; un laúd renacentista para Kapsperger, Dowland o Attaingnant; una vihuela de mano para Mudarra y de Narváez; o una guitarra barroca para Sanz y Guerau, Smith es constantemente extraordinario, con un tono translúcido, técnica es perfecta, y un gusto ejemplar. Aún más impresionante, Smith es un hombre totalmente unido a la música, con unas  interpretaciones completamente pensadas pero naturales. Con todo un legado de grabaciones ejemplares a cuestas de los citados y actuaciones en vivo constantes, a lo largo de su ya dilatada carrera, demuestra ser uno de los músicos con mejor desempeño en cualquier instrumento. No importa cuándo se realizó la grabación, o donde actúe, el sonido es uniformemente sobresaliente: claro, inmediato e indiscutiblemente presente.
Recientemente he disfrutado con la primera grabación de Hopkinson Smith de la música de laúd de John Dowland. El laudista inglés por antonomasia no solo fue siempre melancólico y no solo uno de los mejores compositores de canciones de Inglaterra, sino también su mejor compositor de laúd. En este recital titulado” A Dream”, Smith ha agrupado las selecciones de las obras de Dowland en sets con preludio e interludios y funciona de manera brillante. Los resultados son flexibles, sensibles y sensuales, de una manera ingeniosa, congraciadora y virtuosa. La conclusión de “Lamento” de Dowland, incluido el inevitable “Semper Dowland semper dolens”, es triste, lúgubre y completamente inefable. Y su apertura de “Frogg Galliard”  divertida como efecto contrastante al uso. La interpretación de Smith  es siempre una de las maravillas de la técnica interminable, el gusto impecable y la profunda emotividad. Imponente y convincente, la grabación reproduce perfectamente el sonido del laúd de Smith.
Ha sido un placer tenerle entre nosotros, como realizador de Master Class, como concertista y como persona. Un artista humano y cercano a su público de amabilidad demostrada a lo largo de estos días.
Luis Suárez

lunes, 23 de julio de 2018


Jorge Grundman – “Shoah” - Vicente Cueva, violín – Non Profit Music
El polifacético compositor e ingeniero Jorge Grundman, declarado defensor de tender puentes entre las esferas clásica y popular, nos presenta este trabajo que, sin embargo, muestra pocas conexiones con la música popular más allá de su orientación ampliamente tonal y el efecto es inusual. Las partes de la extensa Partita tienen un ritmo lento y se basan en testimonios de historias y textura cautivadora, conmovedora con el efecto de la belleza a partes iguales entre la lectura musical de los textos que acompaña y la tristeza de los mimos. El impacto es directo en su atractivo emocional. Nos mueve lentamente hacia un enunciado afirmativo al final.  “Shoah” supone una prueba de fuerza para cualquier violinista. Vicente Cueva tiene que enfrentarse no solo a las dificultades técnicas sino también a sus propias emociones de narrador - actor. Las bellas partes de la obra cuentan aquello que en realidad sucedió, auténticas barbaridades realizadas conscientemente por el ser humano. Todo ello en base a testimonios integrados de forma natural en el devenir de la obra musical. Sus frases musicales llegan directas al corazón.
Theresienstadt (Terezín), campo de concentración checo, es casi sinónimo de "la música de la Shoah" por el nivel cualitativo y cuantitativo de la vida musical que allí se desarrollaba. Entre los detenidos se encontraban numerosos músicos. En un principio tenían que tocar en secreto, pero después los nazis, como fórmula para evitar cualquier tentativa de huida o protesta, autorizaron conciertos y representaciones de óperas (Smetana, Mozart, Bizet e incluso Mendelssohn, prohibido por Hitler porque era judío). A fines de 1944, los músicos de Terezin fueron deportados a Auschwitz. Se escribió crítica de música, se impartió instrucción musical y se creó un "estudio de música moderna" liderado por Viktor Ulmann. Pero todo como un espejismo, ya que, como sus compañeros prisioneros, los músicos sufrían de hambre, corrían riesgo por los brotes de enfermedades y estaban amenazados por las deportaciones. Otro caso es el del músico Erwin Schulhoff (1984/1942) que recogió su visado para emigrar el 13 de junio de 1941, pero, con la invasión nazi de la Unión Soviética el 22 de junio, abandonó el país. Todo se volvió imposible, y Schulhoff fue arrestado al día siguiente. A diferencia de otras figuras culturales checas muy conocidas, como los compositores Pavel Haas, Gideon Klein, el mencionado Viktor Ullmann y Hans Krása, Schulhoff fue arrestado por ser ciudadano soviético, en lugar de ser judío, y no era llevado al notorio campamento de Theresienstadt. Inicialmente celebrado en la YMCA de Praga, Schulhoff fue deportado a un campo de concentración en Wülzburg, Baviera, donde murió de tuberculosis en agosto de 1942.
Friedl Dicker-Brandeis (1898–1944) llenó dos maletas con cerca de cuatro mil quinientos dibujos realizados entre 1942 y 1944 por los niños a quienes daba clases clandestinas en el gueto de Terezín. Hizo ver a sus alumnos que el dibujo era una forma de comunicarse e hizo de su rutina pictórica una especie de terapia. Esos dibujos son, en palabras del compositor Jorge Grundman, todo lo que queda de las almas de aquellos niños. "Tuve la gran oportunidad de que esas almas en conjunto me hiciesen llorar. He escrito música para que nunca se olvide el Holocausto". El resultado nada tiene que ver con una obra de refinamiento virtuoso ni acogerse a una sólida estructura musical. La bellísima música de Grundman evoca a la tristeza con frases desnudas que reclaman el no olvido. Vicente Cueva logra un efecto contagioso con su Stradivarius “Auer” de 1691 y una técnica impoluta reforzada por una expresividad impregnante de sensibilidad. Resultado pues óptimo para una longeva obra, en parte debido a la insistencia sobre el compositor del propio intérprete, de casi una hora de duración que no defrauda, mas bien cautiva el alma.
Luis Suárez

sábado, 21 de julio de 2018


20/07/2018
Bouquet Festival – Claustre del Seminari de Tarragona – Isabel Villanueva, viola – María Parra, piano – The Viola Power
Dúo íntimo y sensual reforzado por el bello sonido de la viola, profundo y resonante, en las manos de una gran intérprete como la navarra Isabel Villanueva y el piano sumamente expresivo del piano de María Parra. Una pareja de artistas realmente conjuntada y entregada a una complicidad sugerente.
“The Viola Power” es un proyecto de implicación en base al instrumento de cuerda que realzó su figura en el barroco de la mano del legendario de Marin Marais, estudiante de Lully, que se metió en las técnicas establecidas y encontró sus secretos ocultos. Se hace raro escuchar el piano, en lugar del clave acostumbrado, pero el resultado es óptimo, Villanueva está animada en todo momento, marcando claramente los ritmos de baile y, en general deliciosa lectura, evitando la atmósfera de rareza encontrada en otras interpretaciones de viola da gamba del período. Instrumento, como solista en parte como solista olvidado durante un largo periodo, desde finales del siglo XIX y en adelante la frecuencia con la que se encontraron compositores prominentes escribiendo para la viola aumentó favorablemente. El programa aquí expuesto de miniaturas, en gran parte, no solo está bien pensado y es diverso, sino que también demuestra las habilidades de la viola como instrumento virtuoso y capaz de ofrecer bellas líneas melódicas. La actuación ha sido admirable en muchos aspectos. La forma de tocar ha sido muy muy tranquila y moderada con sensual encanto. Su entonación es generalmente sólida, con un tono cálido. La interpretación de Parra es bastante complaciente por lo que el piano en realidad nunca pisa la música de Villanueva, con un bello fraseo e implicación total en la dificultad, asimismo, cuando la exigencia de la partitura así lo requiere con un amplio rango dinámico entre ambas intérpretes. Los “fuegos artificiales” reales, tampoco defraudan. Las dificultades climatológicas del ambiente, gran humedad y bochorno, supusieron un grado de superación por su parte, con un resultado final óptimo.
El “Blues Sea”, composición de María Parra, dedicada a Isabel Villanueva, es una bella miniatura de ondulaciones marítimas de suave frescura de viento y brea sobre las olas. A destacar la transcripción de la “Sonata de Violín” de un movimiento (aunque se ha descubierto recientemente un Scherzo y esbozos de otros dos movimientos) de Granados que fue escrita para su amigo y colega, el violinista francés Jacques Thibaud, con quien solía presentarse. Se abre extremadamente suavemente, con unos suaves acordes de piano. Una elegante y sensual melodía de la viola entra, con solo una pizca de inflexión española, como arrancada del aire en una larga y continua pronunciación. De hecho, esto puede estar cerca de la verdad, ya que Granados en general compuso extremadamente rápido y realizó pocas revisiones, con frecuencia escribiendo trabajos completos en un solo estallido sostenido de inspiración. Estructuralmente, la obra gira en torno al estribillo de la viola, que vuelve una y otra vez en variaciones cada vez más apasionadas, dándole a la pieza el aire de una improvisación. Las suaves y ricas armonías cromáticas y las delicadas texturas finas de la sonata son bellas ilustraciones del estilo de Granados; también lo es la combinación perfecta del lenguaje romántico tradicional y los exotismos españoles. El acompañamiento de piano expresivo, que va desde el intrincado e intrincado trabajo de los dedos hasta la impetuosidad dramática, finalmente lleva el trabajo a su fin, y termina como comenzó, en un susurro.
Luis Suárez