lunes, 4 de junio de 2018


31/05/2018
Fundación AMYC, Aravaca (Madrid) – Angela Casas, violín y Eduardo Frías, piano
Obras de Mozart, Jorge Grundman, Joaquín Turina
Bello recital de cámara en la sede la Fundación AMYC dedicado a la poesía musical bajo un entorno adecuado al uso, con la Casa Museo repleta de belleza natural y pictórica encuadrada en el Siglo XX. Una acústica buena y unos intérpretes entregados hicieron el resto. Tres autores y tres maneras de concebir la plasmación del poemario en el pentagrama, con cuatro obras en la plenitud de la belleza sonora que necesariamente requieren de una lectura adecuada, lo cual vino al caso cerrando un círculo perfecto conceptual.
La primera de las aportaciones fue la “Sonata KV301” (1778) de un siempre bienvenido Mozart. Bajo el paraguas de una música verdaderamente sentimental (la muerte de su madre queda plasmada en sus bellos pasajes) el papel absolutamente independiente entre los dos instrumentos ha sido en todo momento crucial, lo cual da a entender un cuidado ensayo entre ambos de una pieza que está en solo dos movimientos, un Allegro con Spirito seguido de un Allegro en forma de Rondó,  del cual su episodio de modo menor proporciona un raro ejemplo en el clasicismo de que el violín y piano logran una dominación del equilibrio indiscutible en unos fraseos llenos de lamento.
Joaquín Turina, cuyo lenguaje musical influido por su formación parisina en la Scholla Cantorum no supuso un obstáculo para un talento nato que, desde el consejo de Felipe Pedrell, aunque conservador comparado con gente como Falla, se inspiró en la misma mezcla de tradiciones populares españolas e impresionismo francés que animaba el trabajo de sus colegas más famosos. La combinación de violín y piano que se escucha aquí es la fantasía en cuatro movimientos “El Poema para una Sanluqueña”, op. 28, de 1923, poemario cuyas cualidades programáticas son del tipo que mejor explota la tensión en el trabajo del sevillano por fusionar las fuentes citadas. Sanlúcar, una ciudad en la provincia de Cádiz, al sur de España, fue un lugar de vacaciones favorito para el compositor, queda plasmada en una bellísima obra no específicamente descriptiva, sino que trataba el estado de ánimo evocado por un dicho local: "Las muchachas de Sanlúcar no se casan, y los niños de Sanlúcar se casan con extrañas". La interpretación fue seguida de fuertes contrastes dialogantes que siguen claramente al protagonista imaginado desde el frente de su espejo, a través de un episodio de fantasía y en una iglesia. Es un trabajo raro que podría adaptarse a cualquier número de programas de recitales, como es el caso. La violinista Casals, y el pianista Frías dan interpretaciones precisas y carismáticas, y el sonido se acoplaba de una manera singularmente clara y con pretensiones expresivas. Un buen hallazgo para cualquier amante de la música española y en general, de una obra que dada su hermosura sublime es de agradecer su escucha pormenorizada en los detalles.
La sorpresa era la estancia en la sala del compositor contemporáneo Jorge Grundman. Dos obras para violín y piano, por el mismo presentadas, nos muestran ese sonido propio e inconfundible nacido de una reacción a los excesos de las vanguardias de la segunda mitad del Siglo XX, con una decidida apuesta por un lenguaje inteligible, melódico y tonal, aunque al menos para un servidor, la disonancia es bella, sus dos “Sontas para violín y piano”: “Lo que Inspira la Poesía (2008)” y “Sonata Blanca (el niño que nunca quiso crecer – 2012)”, de un estilo inconfundible apoyado en pinceladas minimalistas y melodías agradables y expresivas, algunas de ellas sin un fin visible a horizonte cercano pero sin llegar por ello, como en algunos otros casos a exasperar al oyente ni intérprete. Bellas obras de gran exigencia técnica a concentración perpetua, saldadas por nuestros protagonistas de una manera intachable. Aspectos musicales en continua variación con las armonías relativas estáticas, tempos, texturas, dinámica y la velocidad de las progresiones de acordes. Desafíos expresivos perfectamente controlados. Obras que con la defensa de intérpretes, musicólogos y melómanos, como los que se dieron en este caso, resistirán el paso del tiempo para que en la nueva era coexistan todas las partes divergentes en perfecta armonía, como en la mayor parte del siglo pasado. A mayor diversidad compositiva, mayor beneficio para el mundo sublime de la música.
Luis Suárez

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