viernes, 15 de abril de 2022


Fernado Palatín. Spanish Violin Virtuoso. Rafael Muñoz-Torrero, violín. Julio Moguer, piano. 

IBS CLASSICAL 222021 · DDD · 68' · *****

Cuiriosa recuperación del desconocido virtuoso violinista sevillano, comteporáneo de Jesús de Monasterio o Pablo Sarasate, y que dejó tras de sí, como estos dos ejemplos sus propio patromino compositivo. Palatín pertenecía a una estirpe musical que se remonta al siglo XVIII y entre cuyos miembros encontramos, por ejemplo, al creador del primer diccionario musical español. Nació en 1852 en Sevilla (España). Desde muy joven mostró un gran talento musical y dominio del violín, por lo que con tan solo 12 años se consideró que debía continuar sus estudios en el que entonces era el mejor lugar para estudiar violín, el Conservatorio Imperial de París. Allí estudiaría con José White y con Jean-Delphin Alard, maestro de Pablo Sarasate. Esto sería posible gracias a una beca otorgada por la Excelentísima Diputación de Sevilla tras haber ganado el concurso correspondiente. Sus composiciones incluyen 29 piezas para violín y piano, un concierto para violín y orquesta, así como obras para orquesta, coro, música de cámara o piano solo que suman un total de 89 obras. Gracias al estudio pormenorizado de Muñoz-Torrero se nos devuelve a esta figura del violín.

En este lanzamiento el Rafael Muñoz-Torrero violinista y el pianista, Julio Moguer, presentan un encantador recital de obras maestras del virtuoso español. Los moderados fuegos artificiales de la música le dan al programa un gran atractivo, y la brillantez técnica de Muño-Torrero se adapta bien a todas las demandas de Palatín, aunque su intensidad expresiva y su lirismo llevan presencia constantemente en el álbum. Junto con un Moguer que, al igual que en Sarasate, se ve apagado muchas veces inustamente (por la decisión del compositor) como mero acompañante, logra todo tipo de efectos llamativos, incluidos armónicos, Muñoz-Torrero es más convincente cuando tiene melodías largas y líricas, y su control de la línea siempre es impresionante, incluso cuando la melodía está algo dispersa entre las florituras de la época. Dado que la parte del piano es comparativamente simple, a menudo consistente en acordes en un ritmo constante, Moguer no tiene nada particularmente vistoso que tocar, pero su apoyo a la interpretación es constante y estable, y su acompañamiento es oportuno y sutil. La ingeniería de IBS es enfocada y clara, y los pasajes más deslumbrantes brillan en el espacio de grabación resonante. Muy recomendable.

Luis Suárez


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