lunes, 2 de abril de 2018


Chaconnerie. Bassi ostinati from the 16th to the 21st century. Silvia Márquez, harpsichord. Ibs Classical. 52018

Nuestra brillante teclista (clave, órgano fortepiano), Silvia Márquez, directora del grupo “La Tempestad”, nos deleita con este brillante disco conceptual dedicado al mundo de “Chacona” y su derivación, con el paso de las décadas, en el género musical de las “Variaciones”. Un recorrido de algo menos de una hora por cinco siglos de historia y evolución de la forma y el instrumento del clave, interrumpido por el paréntesis surgido en el siglo XIX, en el cual despareció por completo la literatura escrita para este timbre. Todo ello bajo el sonido brillante de instrumentos pertenecientes al Maestro R. Puyana. No es sino gracias a Wanda Landowska a la que debemos como una de las principales responsables de la recuperación del mismo (ahí por 1903) y, consecuentemente, de su extenso y rico repertorio histórico y contemporáneo. Márquez no sigue un desarrollo cronológico, si bien termina en el siglo XXI con una brillantísima pieza del músico portorriqueño Roberto Sierra, nos deriva por un criterio propio de autores, puede que mas o menos acertado, pero de enorme impacto. 
Un elemento a destacar, dentro de la exquisita presentación de la grabación, es el libreto que la acompaña, redactado por ella misma, en el cual explica la forma musical de la chacona como una variación continua, generalmente en triple metro y una clave principal, que generalmente se caracteriza por una línea de bajo repetitiva o progresión armónica. También detalla el concepto de “La Folía” (La locura), también conocida como “Folías de España”, como uno de los temas musicales europeos más antiguos y recurrentes. El termino folía, danza antigua de origen ibérico, es utilizado también para designar un esquema armónico-melódico utilizado en cientos de composiciones a partir de finales del siglo XV. El embrujo que desprende esta antigua danza popular de los pilares fundamentales de la música en Europa y America, atrajo a muchísimos compositores, desde el Renacimiento y sobre todo el Barroco, hasta el Clasicismo e incluso el siglo XX y XXI.
La interpretación, durante todas las piezas, se puede calificar como de una perfección sublime, todo ello sumado a una toma de sonido de gran calidad que realza, aún más si cabe el resultado final. Austeros temas de apertura seguidos de variaciones que abarcan una amplia gama de estados de ánimo y texturas. Mientras algunas fases son comparativamente fáciles de ejecutar, otras muestran contrastes altamente complejos entre las manos, compuestos por carreras animadas de notas y fuertes desafíos técnicos, como en el caso de la pieza citada de Sierra o la de Ligeti, que además denotan la cuerda frotada como esencial diferencia con teclados posteriores, como en pianoforte o el piano. El nivel dinámico nunca decae en una música global entre temperamental, tempestuosa o incluso melancólica. Así pues, el trabajo requiere un virtuosismo considerable y cada variación presenta un desafío técnico diferente, por lo que casi parece un conjunto de estudios. Es de agradecer la propina de nuestra intérprete, como si de un recital se tratarse, de una hermosa aria de Purcell a través de un enlace detallado por ella misma en el libreto. Final tranquilo después de emociones fuertes a través del poder de la música.
Luis Suárez

sábado, 24 de marzo de 2018


16 de febrero del 2018 – Conservatorio de Tarragona
Neus Plana, flauta y María Camahort, guitarra
Hermoso recital el ofrecido por un dúo inusual en las salas de conciertos que dieron como pie una interpretación global basada en la conjunción de los timbres hermosos de ambos instrumentos, una perfecta coordinación entre ambos y brillantes solos contrastantes cuando así la partitura lo exigía. Programa asimismo lejos de los más conocidos baluartes, en cuanto a popularidad, de la composición universal. Salvo por dos nombres: Piazzolla y Marais.
Piazzolla nos presenta una original versión musical de las crónicas de la danza argentina por excelencia. Se basa en la obra enciclopédica de su paisano Héctor Ferrer (“El Libro del tango”), pasando de una época a otra, desde la etapa de los burdeles portuarios donde nació el género hasta la etapa actual. El formato elegido se debe a la referencia histórica de haber sido interpretado el tango, en sus comienzos por él mismo, alrededor de 1882 en la mencionada zona transitada por la transacción comercial de Buenos Aires. Se percibe perfectamente la pluma de Piazzolla que le da una unidad. Toda la emotividad, melancolía y brillantez del tango se ve reflejada en la partitura y la ejecución ha sido de gran brillantez sacando todo su brillo a la misma. La fluidez de Camahort saca toda la riqueza rítmica que se preveía.
Obras como la de Feliu Gasull donde encontramos elementos derivados del flamenco y otros géneros populares mediterráneos. Del alemán Karg-Elert pudimos escuchar la “Chaconee” de “Los 30 Caprichos, Op. 107” (1918-1919) para flauta sola, en el que emplea formas clásicas, románticas e incluso barrocas. La Chacona, basada en cuatro notas y utilizada con tanta frecuencia en los siglos XVII y XVIII por variaciones, forma, con todos sus logros técnicos, el clímax musical de esta serie. Marin Marais (1956-1728) compuso sus “Variations on Les folies d'Espagne” en 1701. Basada en el baile popular español, siguieron el modelo de Variaciones de Arcangelo Corelli sobre el mismo tema para violín de 1700. “Las folies d 'Marais de Marais Espagne” está ambientada en 32 coplas que comienzan con un enunciado del tema y pasan por todas las técnicas de tocar la gamba, desde arpegios rotos hasta largas melodías líricas y ejecuciones y escalas virtuosas. Con sus episodios ocasionales y modulaciones inesperadas, “Les folies d'Espagne” de Marais puede parecer casi improvisada. Marais también transcribió el trabajo para flauta y también hay transcripciones del trabajo para flauta sola por Schmidt y Moyse.
La mayor sorpresa y lo que hizo que el público en general se dispusiese a aplaudir de forma efusiva fue la exposición rítmica que Neus Plana realizase a partir de lo que se denomina la percusión corporal; método que busca estimular el cerebro y ayudar en diversos procesos neurológicos como la atención, la memoria, la concentración y capacidades para el lenguaje o la matemática.
Luis Suárez


domingo, 18 de marzo de 2018

17 y 18 de febrero del 2018
Nikola Tanasković, acordeón & Maria Ivanović, piano
Casal de Creixell e Iglesia del Convento de La Salle, Cambrils (Tarragona)
Lujoso e innovador experimento de dúo formado por acordeón y piano. Toda una verdadera delicia de contemplar como ambos instrumentos respiraban a la par. Pareja artística serbia, residentes en Barcelona cuyo amor por la música es algo que se ve venir de serie. Una verdadera delicia de artistas completos y entregados a su arte.
Tanto en la sala de cámara, como en la Iglesia de sonoridad majestuosa se podía degustar una fusión de timbres exaltados. Ambos artistas son de categoría eminente que saben utilizar los instrumentos de una forma comunicativa interpretando un programa de diferentes épocas y combinación de estilos, como de Cesar Franck, Cabezón, Piazzolla… Cabe destacar también la mágica relación entre intérpretes y público que se dejaron llevar de la mano para un éxito asegurado. Cantidad de matices y bellos sonidos consiguen que el dúo tímbrico suene de un modo cercano a través de un sonido muy caluroso y logra acercar la música al público con un gran equilibrio entre la escritura del compositor y las exigencias de la audiencia.
Referente a la actuación en solitario de N. Tanaskovic, en la iglesia, cabe destacar su amor por la música contemporánea y vanguardista, ya que, al ser un instrumento tan reciente, casi toda la música interesante que se ha escrito para él ha sido en la segunda mitad del siglo XX y en el XXI. Asimismo, cabe destacar la música antigua para órgano o harmónium o clave, donde se pudo observar que es un repertorio que funciona a la perfección en sus respectivas transcripciones. De su actuación entregada hubo una gran abducción escuchando aquel gran pulmón y cualquiera de sus mínimos quejidos o suspiros, su respiración, las notas llevadas al infinito sacadas del instrumento con gran profesionalidad y pasión. Un acordeonista de categoría que consigue que su instrumento suene de un modo inusualmente cercano a través de un sonido muy caluroso.
Luis Suárez

martes, 13 de marzo de 2018


11/03/2018
Homenaje a Antoni Ros Marbà – Palau de la Música de Barcelona – Orquestra Simfónica Camera Musicae – A. R. Ros Marbà, director.
Emotivo homenaje merecido al octogenario maestro barcelonés. Uno de esos nombres, afortunadamente habituales en el panorama musical, con una larga trayectoria exitosa a sus pies y que ya no tiene nada que demostrar a nadie. Un artista de la cabeza a los pies, admirado y querido por muchos/as y que sigue evidenciando una agilidad mental y física en sus proyectos que ya quisieran muchos a su edad. 
Para ello el propio maestro eligió a dos autores alemanes contemporáneos, Wagner y Brahms y unas obras cruciales de su carrera creativa, “Los Maestros Cantores de Nuremberg” y la “Sinfónía nº1”, respectivamente.
Una inusual “Suite”, arreglada por el músico holandés Wouter Hutschenruyter (1859/ 1943), de números instrumentales de la ópera jovial wagneriana, se compuso del “Preludio a acto III” con una lectura destacada del mismo sacando su carácter bastante bello y espontáneamente alegre y conmovedor que entrelaza sutilmente motivos argumentales. Sin solución de continuidad el “Vals de los aprendices” con la magia del contraste expresivo, dando la sensación de que bajo la batuta del maestro la música estuviera a punto de transformarse en un vals tradiconal vienés. La famosa y pegadiza “Marcha”, leitmotiv central de toda la ópera, logra cerrar en un perfecto círculo geométrico el tono establecido tono alegre y jovial de esta actuación
Su interpretación de la “Sinfonía nº1” comienza bien con timbales que apoyan los bajos en el tema de apertura, haciendo una declaración clara sobre el mensaje serio por venir. Una compacta lectura como luz y sombra, con ligeras sutilezas, interpretando las repeticiones de manera diferente, decir algo diferente con la misma música cuando se adentran en las reestructuraciones temáticas a lo largo del primer tiempo dramático de una manera eficaz y uniforme. En el bello segundo movimiento, surge la maravillosa interacción del clarinete. Los solos y el dúo de violín y trompa son de una expresividad destacable. Brillante contraste es lo que sucede al comienzo del tercer movimiento, donde Ros Marbà conduce a la orquesta con una lectura inspirada en una perfecta cohesión grupal, cuando la inspirada página de Brahms abduce a los presentes en un dulce intermezzo intencionado lleno de ritmos complejos y texturas entrelazadas. El dramático movimiento de cierre comienza con certeros adornos de las cuerdas, con el siguiente pizzicato y en un contraste acorde con las velocidades diferenciales en el movimiento de apertura. El desarrollo trágico que sigue tiene todas las huellas dactilares del trabajo brahmsiano en la sinfonía. La trama arquitectónica psicológica monumental en toda su pureza melódica y de la forma, colma toda su emoción en este último tramo. La sublime melodía inolvidable de este tiempo es capturada perfectamente por la orquesta como una de las culminaciones más efectistas de la historia musical. Con una dirección bien marcada, sin aceleraciones imprevistas, esta obra nos deja con un desarrollo melódico grandiosamente escalado, triunfal sí pero serenamente equilibrado y completamente brahmsiano.
Ni público, ni director, ni ejecutantes necesitaban ningún descanso. La culminación del acto, después de las prolongadas ovaciones merecidas hacia el maestro, desembocó en “La Filla del Maxant” del violinista y compositor catalán Eduard Todrá. Toda una ilustración musical para cuerda de rauda belleza es el “Interludio”. Una forma clásica en carácter de reverie que desemboco en estado de relajante armonía.
Luis Suárez

lunes, 19 de febrero de 2018



17-18/02/2018
Teatre de Tarragona – Palau de la Música de Barcelona
Orquestra Simfónica Camera Musicae – Sayaka Shoji – Tomàs Grau – Beethoven/ Tchaikovsky
 Dos obras cumbres del romanticismo, separadas por décadas y de gran elaboración arquitectónica, formaron parte de un programa intenso. La violinista japonesa Sayaka Shoji aguantó con gran fortaleza la gran duración e intensidad de esta obra maestra y rompedora, como es el “Concierto para Violín” op. 61 de Beethoven. Las implicaciones dramáticas y estructurales del concierto emergen desde el principio, en una serie de silenciosos golpes de timbal como motivo efímero y palpitante ejerciendo de reclamo de atención y proporcionando la base misma del material melódico y rítmico que se debe seguir. De ahí la imponente entrada orquestal con la forma clásica del ritornello, que se manifiesta en el tutti extendido que precede a la entrada del violín, y del amplio tratamiento del material melódico por parte del compositor. El segundo movimiento ocupa un lugar entre la música más serena que haya producido Beethoven. Libre del desorden dramático del primer movimiento, el segundo está marcado por un lirismo tranquilo y orgánico. Hacia el final, un arrebato orquestal abrupto conduce a una cadencia, espléndidamente trazada por la solista que a su vez lleva el trabajo directamente al movimiento final. El genial Rondo, marcado por una robustez popular y una energía de baile, hace que algunas de las exigencias más virtuosas de la obra recaigan sobre el solista. La sensibilidad altísima de Shoji, realizada con gran calidad expresiva y una técnica infalible en los registros más altos del violín, no permiten que la orquesta la trague. Su sonido resulta etéreo y llega al alma del oyente durante toda la partitura, sin desfallecer nunca en una fiel y firme interpretación de la obra maestra, tanto que incluso Beethoven se habría emocionado por su belleza.
De ahí a un descanso necesario para asimilar lo acontecido antes de abordar otra obra cumbre del arte musical. Tchaikovsky firmó su epitafio en su “Sinfonía nº6 (Patética)” op.74. La sinfonía se estrenó el 28 de octubre de 1893 bajo su propia batuta. Era la última obra del compositor; nueve días más tarde del mencionado estreno, él estaba muerto. Grau divide, con acierto, la lectura de la partitura en dos tempos. Los movimientos extremos en un ritmo más lento, a diferencia que algunas versiones nos tienen acostumbrados, acentuando los momentos de drama, que el maestro ruso tan bien dominaba en sus poemas sinfónicos pushkinianos y shakesperianos. Comienza con un tema sobrio presentado por solo fagot y contrabajo; habiendo comenzado en el rango más bajo de la orquesta, la batuta de Grau asegura que los oyentes captarán la seriedad que Tchaikovsky parece tener en mente. Los ritmos más rápidos y dinámicas más fuertes seguirán, junto con un tema de cuerda suavemente rapsódico, aunque las frases prestadas del réquiem ortodoxo ruso refuerzan aún más la naturaleza ominosa de la música.
Tras la tempestad vendrá la calma. Los movimientos centrales vienen cargados de un éxtasis casi interrumpido cuya función no es otra que compensar las tensiones más sombrías del primer y cuarto movimiento. El segundo tiempo, Allegro con grazia, es elegantemente parecido a la danza. Y con el Allegro molto vivace, Tchaikovsky comienza con un movimiento de cuerdas y vientos similares a los de un scherzo, interrumpido a veces por un espíritu audaz. Poco a poco, Grau nos va proporcionando, en un vivo dinamismo, los estados de ánimo más abiertamente optimistas de la Sinfonía, alimentando como lo hace con el acorde de cierre del movimiento, que ocasionalmente sorprende a los oyentes desatentos en estallidos de aplausos, en la noción equivocada de que este debe ser el final de todo el trabajo.
De ahí llega el culmen de la obra. Un bellísimo e inusual Adagio Lamentoso sirve de final inesperado para el público, inusualmente sombrío, particularmente en su final que, tanto en ritmo como en dinámica, se desvanece en la nada. La angustia de sus últimos días por un escándalo apenas oculto en su vida personal. La homosexualidad que, a lo largo de la adultez, había luchado por ocultar, estaba a punto de convertirse en conocimiento público. El prolongado silencio final llega tras un clímax desesperado en un conjunto orquestal en perfecta sincronización, destacando desde la percusión, hasta el conjunto de vientos, madera y metal, pasando por una dulzura en las cuerdas estremecedora. Rara es la vez que salir de un concierto con los ojos vidriosos, en vez de alegría en el rostro, es muestra clara de éxito y satisfacción.
Luis Suárez




domingo, 11 de febrero de 2018

Xavier Pié y Miguel Alberto Cruz Carmona (MACC)
"Rutes" (2015) y “Connexions” (2017)
Enormes discos de nuestros saxofonista y guitarrista, el dúo formado por el saxofonista Xavier Pié y el guitarrista Miguel Alberto Cruz "MACC".
Un jazz experimental que nos va transportando por unas rutas, como bien marca el primer nombre del trabajo, basadas en profusas imágenes de la memoria que se vienen y se van de una manera periódica. Todo ello con una gran intensidad y compenetración perfecta que te mantiene en vilo con la mirada perdida, mientras tienes los auriculares puestos, marcando un camino de lienzos abstractos que disfrutas poniéndote en la piel de ellos, hasta que ves que se termina la senda y te quedas estupefacto, con solo los treinta minutos que dura cada disco respectivamente, con la pregunta "¿y ya está?". Lo que se disfruta siempre te hace querer más.
Olas de sentimientos encontrados en una banda sonora. Paisajes desérticos que te llevan a la nada, momentos básicos en la memoria de la vida de cada uno, llenos de matices y argumentos en pinceladas. Luces difuminadas, una vez pasamos por diferentes paisajes. Un viaje hacia un punto concreto, pero a la vez a ninguna parte.
Lo dicho siempre por mí, ¿para qué quieres buscar tan lejos, cuando tienes lo mejor a la puerta de tu casa? Dos genios del arte de la improvisación y la búsqueda de sonidos nuevos. Dos estilos tan diferenciados que conjuntados traen el resultado especial de un sonido único, nuevo. Estilo más clásico de Pié sumado al arte del sintetizador de MACC. Una conexión, como marca el nombre del segundo disco continuador, marcado por la perfección sonora y estilística. Temas propios con exquisitos arreglos que dan un mayor brillo a los instrumentos. Unos trabajos para disfrutar en silencio, que espero tengan continuidad, y para acudir a los directos que nuestros protagonistas ofrecen, generosamente, a lo largo del años por diferentes escenarios de la geografía catalana.
Luis Suárez


domingo, 4 de febrero de 2018

4 y 5 de febrero del 2018 - Teatre de Tarragona y Palau de la Música de Barcelona
Lluís Claret, violonchelo - Salvador Mas, dirección - Orquestra Simfònica Camera Musicae
Dimitri Shostakovich: "Concierto para Violonchelo nº1" op. 107 - L. Van Beethoven: "Sinfonía nº3 (Heóica)" op. 55

Lluís Claret y Salvador Mas han logrado sacar todo el brillo a una obra de dificultad añadida, como es el "Concierto nº1 para Violonchelo y Orquesta" op. 107 de Shostakovich. Toda una obra maestra de la cara más optimista del ruso, llena de un vigor reflejado en la interpretación, cuyo motivo principal repetido a la lo largo de toda la obra, sale expuesto con las notas DSCH, iniciales del autor que estampan su firma de "alter ego" a lo largo de la partitura en un perfectamente cerrado círculo. El carácter vitalista agresivo y elegíaco de la obra salió bien contrastado entre ambos. Se ven expresadas las ideas originales, llegando a marcar el carácter cíclico con intervalos rítmicos distorsionados, acompañado siempre con aislados golpes de timbales, dando a la obra la fuerza que supone su fama merecida dentro del mundo del violonchelo. Toda una efusividad, tras la muerte de Stalin, contenida en los movimientos extremos, contrastado con el bello lirismo meditativo de Moderato central. La multitud de ejecuciones y paradas dobles en posiciones difíciles pulgares, armónicos naturales y detenidos, y el pizzicato de la mano izquierda demuestran ampliamente la confianza del compositor en las habilidades del legendario Mstislav Rostropovich, para quien el trabajo fue escrito, con un Claret en plena forma mantenido a su altura.Otra obra rompedora cerró una noche mágica de obras maestras a gran altura ejecutadas. La Sinfonía nº3 "Heróica" de Beethoven op. 55, supone el fin de clasicismo y el comienzo de una nueva época artística global, el romanticismo. Compuesta por Beethoven a los 33 años de edad, en el año 1803.Está vinculada a la siguiente anécdota: El compositor, admirador de Napoleón, se la dedicó en un principio poniéndola el nombre "Bonaparte". Pero al enterarse de la coronación de Napoleón como Emperador, Beethoven le retiró la dedicatoria y cambió el título de la obra por, "Sinfonia eroica composta per festeggiare il sovvenire d'un grand'uomo" (Sinfonía Heroica, compuesta para festejar el recuerdo de un gran hombre). Salvador Mas, director reconocido en su amplio conocimiento de la obra del genio de Bonn, ha sacado brillantemente una lectura en la que explota más los recursos del lenguaje clásico vienés con movimientos más largos y complejos, material temático más característico y desarrollo más dramático, sus relaciones motívicas de células rítmicas y melódicas... Las conexiones armónicas de largo alcance exploradas fueron interpretadas con vigorosa fuerza; toda la base fundamental del movimiento heroico en la inmensidad total de su alcance. Lectura emotiva de la "Marcha Fúnebre" en su rango de emociones, desde la pena total hasta el consuelo mayor. El estridente y característico Scherzo que supone su implantación total en la formas musicales, leído de una forma contrastante y eficaz. Y por último el efectista final en forma de variaciones, surgidas del tema de la Contradanza del ballet propio "Las Criaturas de Prometo" y ya usado en las famosas "Variaciones Héroica" Op.35 para piano. Una lectura ágil y contundente de la amplia gama inventiva de Beethoven en el final sinfónico de 1803 (desde la himnología hasta el humor, de la fuga a la danza, culminando en una coda Presto) que surgió el efecto ideado por el compositor, liberar de manera exitosa al oyente del impactante e impactante drama con un final brillante. Todo ello en esta monumental obra en una exitosa interpretación que el público supo agradecer en sonora banda de aplausos.