martes, 30 de enero de 2024


 

Dvorak, Antonín. String Quartet nº2 B.17. Bagatelles Op.47. Rondó, Op.94. Fine Quartet. Morooka, Ryoko, Harmonium. Simonian, Stepan, piano.

NAXOS 8.574513 · DDD · 74’ · ****

El programa exclusivamente de la produciión camerística de Antonín Dvořák tiene como pieza central uno de sus primeros cuartetos de cuerda raramente interpretados, el n.º 2 en si bemol mayor (B.17) de 1868-1869. Esta interpretación se complementa con las encantadoras “Bagatelles, op. 47” (con Harmonium) y “Rondo, op.94”, para violonchelo y piano.

Entre 1869 y 1870, en el apogeo de su fase wagneriana, Dvořák redactó tres cuartetos de cuerda: B17-19, en si bemol mayor, re mayor y mi menor respectivamente, números 2-4 en el canon general de sus 14 obras para el medio, un número nada despreciable y no lo suficientemente conocida aún. No pensaba mucho en ellos, muchos se han perdido una vez quemadas las partituras, como su amigo del alma Johannes Brahms. Pero las partes (las del si bemol de otra mano aunque corregidas por él) sobrevivieron, descubiertas tras su muerte en posesión del violinista y director jubilado del Conservatorio de Praga, Antonín Bennewitz (profesor de Léhar y yerno de Dvořák, Josef Suk). Publicada en 1962, la primera interpretación conocida de si bemol fue realizada de forma privada en Praga por el Cuarteto Ondříček el 16 de noviembre de 1932.

Las páginas monumentales juveniles para cámara no se encuentran entre las obras maestras inmortales del género, pero ofrecen música lo suficientemente entretenida y agradable como para ser considerados clásicos de máximo interés de la música de cámara. Así como el resto de obras expuestas, comparten la artesanía, el rigor intelectual y el buen gusto que son característicos del estilo del genio checo. Sin embargo, estas piezas son en gran medida de orientación melódica y homofónica y tienen relativamente pocas voces independientes y réplicas atractivas que fueron esenciales para los grandes cuartetos de cuerda de los períodos clásico y romántico temprano. Al igual que otros románticos tardíos, que tendían a considerar la forma como esencialmente lírica, con interrupciones ocasionales de interludios fugaces y de desarrollo, escribió música para el cuarteto del cual él mismo formaba parte que a veces parecía diseñada más para el teclado que para intérpretes de cuatro cuerdas. Conocía todos los recursos técnicos de los instrumentos de cuerda y sus partes están llenos de toques idiomáticos. Se tratan de obras de salón encantadoras y de gran interés para seguir el pulimiento del compositor, y el Cuarteto las interpreta con un aire ligero y genial, comprometidos con la música, dejan la impresión de que tocan casi sin esfuerzo y evitan por completo la pretensión. Naxos proporciona un sonido limpio con una acústica agradable que da profundidad y color a las cuerdas. Ciertamente el sello puede presumir de haber revivido un repertorio oscuro; obras del romanticismo tardío en toda regla, de escritura melódica. Felicitaciones al Fine Quartet por un programa atrevido que ofrece algunos hallazgos reales que hasta entonces pocas veces se habían grabado.

Luis Suárez

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